Voluntad apasionada

FRANCISCO LOZANO, de la Real Academia de San Carlos – 1966

maternidadIntegrando una de las promociones más ilusionadas de nuestra Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos, conocí a Pérez Contel, allá por los años treinta… Los Renau, Bolinches, Ballester, Cirujeda, Balvino, Rodriguez, Escals… y tantos más, cuyo recuerdo es para mí siempre tan grato. Con todos me unió una amistad cordialísima. Pero con Pérez Contel me sentía, a la vez, atraido y distante; su vitalidad y desparpajo me confundían. Admiraba sus cualidades y su talento, pero su ‘gesto’ no me era grato. El era de Ciudad y suficiente, yo era de pueblo y titubeante. Em me resultaba soberbio y yo me encontrada ensimismado. Más tarde y en esa grata esquina de nuestra alma, que sólo se revela en la madurez, tuve la sorpresa de encontrarme con un nuevo Pérez Contel, la vida había hecho de las suyas reveló – para una amistad entrañable – el negativo de los dos.

¿Cómo era Pérez Contel en aquella su primera mocedad? ¿Qué inquietudes sentía frente a su vida de futuro escultor? La silueta de Pérez Contel en el viejo y luminoso claustro de San Carlos era desconcertante. Lo increible de su cabeza tan anárquicamente ‘peinada’ le daba cierto prestigio. Era, a la vez, bondadoso, implacable y tenaz. Había en el pasión y seguridad. No sólo fue un alumno brillante y un joven apasionado, fue algo más, fue ya, entonces, Pérez Contel. Una razón para vivir.

Hoy, en la quietud de Játiva, la ciudad que los dos amamos tanto, y en el mediodia de su vida – con Amelia, su mujer, que tanto reposo ha dado a su inquieta existencia – , Pérez Contel renueva su juventud fecunda y siempre apasionada…

¿Habrá que pensar, como nuestro Picasso, que se necesitan muchos años para llegar a la juventud ?. Yo creo que si, y creo además que en Pérez Contel, esto es inevitable.

Sacudió por alquellos años la cansina vida docente de nuestra Escuela, la llegada, como Profesor de Vicente Beltrán. Para nuestra generación, la incorporación de Beltrán a la Escuela fue como abrir un ventanal frente a la penumbra y la estrechez. Beltrán traia de Italia la novedad y el prestigio oficial, pero quizá la monótona vida provinciana, una salud quebrantada…y no sé cuantas cosas más, hicieron más tarde de nuestro querido amigo y Profesor, un hombre melancólico. Su comprensión y entendimiento para nuestros problemas, merecerán siempre nuestro emocionado recuerdo y gratitud. Para nuestra generación, la incorporación de Beltrán a las tareas docentes de nuestra Escuela, fue un hecho importante. Todos recibimos alborozados su llegada, yo creo que Pérez Contel y con él los compañeros escultores más decisivamente. ¿Razones? Gravitaba sobre todos nosotros, y sobre los escultores más fundamentalmente, el prestigio crepuscular del modernismo y un cierto regusto romántico del tema social. Mestrovich era un dios y Rodin la posibilidad más alta y turbadora del imposible. Beltrán era embajador de lo primero y el alumno Pérez Contel dimitía ya por esas fechas de lo segundo. La etapa de su incorporación al ‘nuevo estilo’ tuvo escasa presencia; unas obras de pensionado, de tema social, testimonian, más que el drama, el aquí estoy yo. Pero no todo fue camino jubilosamente andado.

No obstante, vivió, como digo, su primera juventud entre estos dos mundos , a los dos se entregó frenéticamente. Pero cuando esto ocurría se estaba fraguando en el Alto Pirineo la realidad esultórica de la obra de Maillol, hecha teorema, gracia y medida. ¡Y el Mediterraneo fue descubierto !

Hoy, con la madurez tan penosa y reflexivamente adquirida, Pérez Contel nos da la mejor escultura mental y formal de estas latitudes. Gran modelador, su obra no se termina nunca, la bandona, que es lo bueno, con la desesperanza, la fe y la angustia – como dice Campoy – del que parece despedirse de algo muy entrañable. Pero esta obra, realizada tan pacientemente, tan purísimamente, tan reflexivamente, es para Pérez Contel , más que un drama un júbilo. No será jamás mascarón de proa ni tempestad marinera. Nunca tampoco navegación de cabotaje, será siempre singladura paciente y luminosa…

En la quieta y ensimismada Játiva, la más bella ciudad de nuestro Reino, trabaja y sigue su trayectoria solitaria, y presentimos que diariamente descubre “tesoros milenarios…” y se siente asombradamente feliz…

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