PÉREZ CONTEL - ESCULTOR

Rafael Pérez Contel: "Para ejecutar divide el tiempo en diez. Ocho para observar. Dos para realizar".

En la encrucijada de las artes

boina

Pablo Pérez García. Profesor titular del Dep. de Historia Moderna. Universitat de València.

Mi abuelo suele decir que pintar es mucho más asequible que esculpir. Y, efectivamente durante aquel período en que sus recursos económicos eran muy modestos la pintura pudo suplir a la escultura. A lo largo de las décadas que comprenden los años cuarenta y sesenta, Rafael Pérez Contel prepara una larga serie de lienzos y bocetos de carácter y concepción esencialmente espacial. Con ellos persigue aplacar su sed por esculpir.  Gran parte de la producción escultórica que el artista ha modelado y expuesto recientemente corresponde y está fechada en aquella etapa, puesto que las preocupaciones, formales que la animan proceden de aquellos años en los que mi abuelo no pudo proceder al desarrollo escultórico de tales motivos. En un sentido estricto, no podemos considerar esta dimensión de su quehacer plástico como pintura propiamente dicha.

frenteDe esta forma, casi imperceptiblemente, el sentimiento de cautividad y desolación que experimenta mi abuelo en los años que siguen a la guerra civil le impulsa hacia la pintura. No deja de ser irónico que la represión y la ausencia de libertad predisponga a quien siempre se ha tenido por escultor hacia formas de expresión plástica en las que acusa fuertemente el peso del clasicismo. No debemos interpretar la opción que efectúa Rafael Pérez Contel por la pintura como resignada respuesta ante el ambiente hostil que vive. Más bien parece como si el combate que no puede librar en otros terrenos se manifestarse bajo la forma de agonía interior, de pugna por superar el lastre del pasado que ahora le atenaza, le asfixia.

Venturosamente, las luces comienzan a abrirse paso. Una nueva etapa, que coincide aproximadamente con la reincorporación definitiva del artista a la actividad docente, revive el mundo de los espacios abiertos y soleados. Los hombres y las mujeres partiipan, unidos, en las duras faenas de la siembra y la siega. Las mujeres portan cántaros llenos de agua y capazos repletos de frutos. Los hombres se dirigen a los campos pertrechados de sus aperos o arrean sus jumentos desde los carros. Las curanderas friegan las barrigas de los niños empachados. Sus personajes comienzan tímidamente a conversar entre sí, a formar corros deonde se comentan los acontencimientos y las penalidades. La realidad parece desear volver a su estado natural, olvidar desórdenes pasados.

enparisEl arte, todas las formas y variantes de la plástica, presenta en la obra de Rafael Pérez Contel matices muy diversos. No sólo es fuente y objeto de placer estético, antes bien, es una forma diferente de acceder al conocimiento profundo de la realidad. Discurso formal más activo que contemplativo, pues se fundamenta en un ejercicio de reconstrucción del universo. Estímulo de la sensibilidad y de la inteligencia. Es práctica abierta a la participación y custodio de la memoria histórica. Ante todo, el arte es esencialmente compromiso con el mundo actual, expresión de solidaridad entre los hombres y sueño de la utopía. De aquí procede su dimensión civil y ética que Rafael Pérez Contel ha sentido íntimamente y manifestado en su vida y en su obra.

La escultura fué su vocación más temprana y ha sido su eterna ilusión. Ha cultivado toda suerte de tendencias, empleado todo tipo de soportes materiales y hecho uso de múltiples técnicas en sus inconfundibles figuras de bulto.

Siempre he tenido la impresión de que mi abuelo había nacido para ser escultor. Sus manos son verdaderas herramientas de trabajo. Son manos gruesas, firmes, idóneas para desbastar la materia más resistente; sus dedos espatulados parecen destinados a modelar, a alisar, a definir… Son manos de una expresividad asombrosa. Siempre que visita alguna exposición escultórica – y particularmente si se trata de alguno de sus autores predilectos – suele deslizar sus manos por los contornos de las figuras, descubriendo con ellas los detalles imperceptibles que suelen escapar a la vista.

En el ambiente rural de Villar del Arzobispo, su pueblo natal, sintió ya esta llamada – que nada tiene de abstracta – por la materia térrea, por todo cuanto pudiera transformarse con las manos. Allí recibió el aliento bondadoso de su abuelo Marcos, quien siempre se halla presente en sus recuerdos de infancia y a quien suele atribuir el primer estímulo que sintió hacia las artes.

Rafael Pérez Contel siente una preocupación generalizada por todo lo humano y posee el don de comunicarla. Es muy complejo, intentar siquiera, segmentar este universo peculiar conformado por la herencia del pasado y la voluntad de participar en los esfuerzos por hacer mejor el presente, que asoma en las aportaciones estéticas e interlectuales de su obra. De la misma manera carece de sentido introducirse en su producción pictórica, marginando su dilatada actividad en el campo de las restantes artes plásticas.

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